Cómo triunfan los niños

Nos encontramos ante un ensayo de divulgación periodística que, aporta testimonios concretos de éxito académico y explora una nueva forma de pensar que está creciendo y adquiriendo influencia, en las aulas, en los investigadores y gurús de todo el mundo, sobre el desarrollo y el aprendizaje de los niños en contra del predominio de la habilidad cognitiva.

Los economistas se refieren a ellas como habilidades no cognitivas; los psicólogos las llaman rasgos de personalidad; y el resto las denominan carácter.

Esta nueva red de trabajo indisciplinar examina un conjunto diverso de cualidades, entre las que se incluyen la perseverante, el autocontrol, la curiosidad, la meticulosidad, la resolución y la autoconfianza, que se pueden aprender, practicar y que, por tanto, se pueden también enseñar.

Destaca los estudios del economista James Herckman, que demostró que un coeficiente intelectual alto solo mejoraba las posibilidades de éxito financiero de un individuo en 1% o 2%. En cambio, la «conciencia» o «diligencia, perseverancia y autodisciplina» son las que conducen al éxito financiero.   «Si eres tan inteligente, ¿por qué no eres rico?» 

Nos comenta el autor que en el 2008 se consideraban dos tipos de programas en relación a la formación del carácter:

  • El que tiene por objeto desarrollar el carácter moral y, por tanto, tiene en cuenta valores éticos, como la justicia, la generosidad y la integridad (programa CARE)
  • El que se ocupa más del rendimiento o desarrollo del carácter, y que incluyen competencias como el esfuerzo, la diligencia o la perseverancia.

Nos hablar del valor de la vinculación emocional entre padres e hijos desde edades tempranas, de protegerlos en la medida de lo posible de traumas graves y de situaciones crónicas de estrés; ser más cariños y abrazos, pero a la vez establecer disciplina, normas y limites; la importancia de crear buenos hábitos. Los niños necesitan enfrentarse a desafíos, retos y algunas privaciones que puedan afrontar, incluso aunque solo sea para que se demuestren que puedan superarla. Tenemos que enséñales a gestionar el fracaso: analizar los errores, intentar profundizar en sus causas, asumir la responsabilidad de las equivocaciones y aprender de ellas, sin obsesionarse o mortificarse.

Enseñar a los niños a ser valientes, optimistas, curiosos y a tener autocontrol. Funciones ejecutivas como la flexibilidad: habilidad para atisbar soluciones alternativas a problemas planteados, para pensar fuera de la caja y solventar situaciones desconocidas, y el autocontrol cognitivo: la capacidad de inhibir respuestas instintivas o habituales y sustituirlas por otras más eficaces, pero menos obvias, les permiten aprender a pensar.

Desarrollar competencias y habilidades como las mencionadas requiere mucho esfuerzo. Según el psicólogo sueco K. Anders Ericsson, son necesarias 10.000 horas de práctica deliberada para dominar realmente una habilidad o adquirir una competencia.

Por último, nos habla de la paradoja educativa. Paul Touch nos pone de manifiesto que, dependiendo de cada país, el problema educativo está en las limitaciones y desigualdades en el acceso a la universidad, en otros tiene que ver con la finalización de los estudios universitario y como explican diferentes sectores las causas del mismo y como solventarlas.

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